Entrenamiento de doma clásica

En mis 40 años de experiencia montando a caballo, he participado en muchas clases de doma clásica donde el enfoque principal era enseñarme a “pulsar los botones correctos”: la parte técnica de la equitación —dónde colocar la pierna, dónde colocar las manos.

Sin embargo, muy a menudo faltaba una explicación clara sobre cómo mantener realmente la pierna en su sitio o cómo sentarse profundamente en la silla. Y aún menos se explicaba por qué la pierna debe ir allí y las manos aquí.

Muchos jinetes siguen las instrucciones técnicas, pero cuando les preguntas por qué hacen las cosas de determinada manera, no saben explicar la biomecánica del caballo ni cómo influimos en él a través de nuestro asiento, piernas y manos.

Durante mis sesiones de entrenamiento, pregunto constantemente a mis alumnos si saben por qué utilizan una ayuda específica o por qué un ejercicio concreto no ha funcionado como esperaban.

Se hace evidente que la doma clásica no consiste únicamente en pulsar los botones correctos.

Se trata de:

  • Equilibrio – ser capaz de mantener una posición correcta
  • Equitación centrada – ser capaz de regularse y mantenerse enfocado
  • Relajación – montar sin tensión en el cuerpo

La doma clásica (y me atrevería a decir que todas las disciplinas ecuestres) comienza con estos tres pilares.

Aprender a “pulsar los botones correctos” no es lo más difícil una vez que primero aprendes a regularte a ti mismo —a través de tu mente y tu cuerpo— para poder conectar verdaderamente con el caballo. Solo entonces podrás sentirlo y entenderlo.

Es maravilloso ver cómo mis alumnos pasan de intentar controlar desesperadamente al caballo con ayudas fuertes, a montar de forma centrada, con ayudas casi invisibles y una conexión real.

Ya no hay resistencia por parte del caballo, ni lucha por el control por parte del jinete. Un diálogo silencioso…

Eso es lo que hace que la doma clásica sea tan hermosa.

Un buen ejemplo es el trote sentado (o trote español, como lo llamamos en España).

Aprender el trote sentado debería comenzar por aceptar el movimiento: aprender a soltar, relajarse y fluir, confiando en el propio cuerpo y permitiendo que utilice sus sensores naturales para encontrar el equilibrio.

En el momento en que se resiste el movimiento y aparece la tensión, se pierde la capacidad natural de equilibrarse.

La conciencia corporal es fundamental.

Cuando alguien viene a dar clase conmigo, independientemente de su nivel, siempre comenzamos con trabajo pie a tierra. Conectar con el caballo desde el suelo es esencial para montar.

Trabajo con los jinetes la posición correcta para no obstaculizar al caballo ni sacarlo de equilibrio obligándolo a compensar nuestra inclinación hacia delante, hacia dentro o hacia los lados. La mayoría de las malas posturas se desarrollan con el tiempo y quedan grabadas en el cuerpo. Utilizo varios métodos para “reiniciar” el cuerpo y los patrones de movimiento a través de una mayor conciencia corporal.

Como jinete, debes ser consciente de tu cuerpo y capaz de autocorregirte.

Cuando un jinete se siente superado o pierde la confianza, le ayudo a trabajar su mentalidad.

Para dar una guía clara, debes estar presente, ser preciso y coherente —y confiar en lo que haces.

Tu caballo percibe lo que sucede dentro de ti a través de tu respiración, tu latido cardíaco y tu lenguaje corporal. Tu inseguridad o tu miedo se transmiten directamente al caballo.

Aprender a regularse a uno mismo es esencial para montar.

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